En los últimos años, la relación entre México y Canadá ha tomado un cariz más estratégico dentro del contexto regional, consolidándose no sólo como socios comerciales, sino también como aliados frente a las incertidumbres del comercio global y la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) prevista para 2026.
Este impulso ha derivado en la elaboración de un plan de integración económica bilateral que busca consolidar y expandir el vínculo económico más allá de la simple dinámica del T-MEC, diversificando sectores, promoviendo inversión y fortaleciendo plataformas productivas conjuntas.
El núcleo de este plan de integración consiste en una agenda de acción bilateral que complemente el marco del T-MEC, potenciando sectores productivos, cadenas de valor y cooperación regulatoria entre ambos países.
Más que un nuevo tratado comercial, es una estrategia de colaboración económica enfocada en temas como comercio, inversión, puertos y logística, agricultura, energía, tecnologías limpias, minería y sectores de alto contenido tecnológico. El objetivo es que estas acciones permitan a México y Canadá fortalecer sus economías frente a un entorno global más competitivo y fragmentado, al tiempo que se mantiene la base trilateral del T-MEC.
En cuanto al momento en que se planea su entrada en vigor, las autoridades mexicanas y canadienses han señalado que el documento final del plan de acción bilateral se articulará y presentará formalmente en el segundo semestre de 2026, coincidiendo con la revisión obligatoria del T-MEC.
Los sectores más beneficiados con esta integración son
aquellos donde existe complementariedad productiva y potencial
de crecimiento bilateral. Entre ellos destacan:
•
Manufactura avanzada y sector automotriz, donde México tiene una
base productiva fuerte y Canadá aporta tecnología y cadenas
especializadas.
• Minerales críticos y minería, un área
donde Canadá es líder mundial en exploración y México tiene
recursos estratégicos.
• Agricultura y agroindustria, con
intercambio de productos alimentarios y tecnología
agrícola.
• Energía y energías limpias, ampliando
cooperación en infraestructura energética y proyectos
verdes.
• Tecnologías de la información y comunicaciones,
en sectores emergentes con alto valor agregado.
Las cifras actuales del comercio y la inversión reflejan el
potencial de este plan
1. En 2024, el intercambio bilateral de
mercancías entre México y Canadá sumó casi 56 mil millones de
dólares, con México como tercer socio comercial de Canadá y Canadá
como quinto para México.
2. La Inversión Extranjera Directa
(IED) canadiense en México alcanzó aproximadamente 46 mil millones
de dólares, colocando a México entre los principales destinos de
capital canadiense.
3. En 2025, de acuerdo con datos del
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el comercio
bilateral superó 34,700 millones de dólares, con exportaciones
mexicanas hacia Canadá por 22,169 millones y 12,556 millones en
importaciones desde Canadá. Estas cifras muestran la importancia
actual de la relación y el espacio para crecimiento con iniciativas
de cooperación más profunda.
El capital no se detiene, pero ¿cómo estuvo la
inversión?
Aunque en 2025 la entrada de IED en México
presentó una bajada general, con un flujo de 2,295 millones de
dólares en los primeros tres trimestres, el interés canadiense
sigue presente y robusto, manteniendo a Canadá entre los
principales inversionistas extranjeros en sectores clave como
minería, manufactura y energía.
¿Cómo impactaría este plan el desarrollo del T-MEC? Es importante subrayar que ambos instrumentos no son mutuamente excluyentes.
El plan bilateral busca fortalecer la cooperación regional dentro del marco del T-MEC, no sustituirlo. La revisión del T-MEC en 2026 ofrece una oportunidad para ajustar políticas, normas y barreras arancelarias que impulsen la competitividad conjunta; al mismo tiempo, la agenda México-Canadá puede generar compromisos sectoriales más detallados que complementen las reglas generales del tratado trilateral.
Lo que se espera para México y Canadá con el desarrollo de este proyecto es una mayor resiliencia económica, ampliación de oportunidades comerciales más allá de la dependencia con Estados Unidos, y una diversificación de flujos de inversión.
México podría beneficiarse de tecnologías y capitales para elevar el valor agregado de sus exportaciones, mientras que Canadá podría ampliar su presencia en mercados latinoamericanos con una base productiva integrada con México. Además, sectores como el tecnológico, energético y agroindustrial podrían acceder a mayores sinergias, contribuyendo al crecimiento sostenible y a la creación de empleos de alta calidad en ambos países.
Más que un simple ajuste comercial, el plan de integración económica entre México y Canadá representa una apuesta estratégica para avanzar en la cooperación bilateral, consolidar el comercio e inversión existentes y abrir nuevas puertas de desarrollo conjunto, todo ello en un contexto mundial de retos comerciales crecientes.
